El
ayni en el imaginario de nuestra sociedad urbana de El Alto
Autor: Orlando Luna//orlando_luna@hotmail.com
La ciudad de El Alto es una de las ciudades más grandes de Bolivia, desde su fundación hasta el presente, se fue expandiendo a pasos agigantados, esto gracias a la migración de gente del campo a la ciudad, que por diferentes circunstancias (económicas, de superación personal, de progreso, etc.), se vieron en la necesidad de dejar sus ayllus, sus pueblos, sus comarcas, todo con el fin de buscar nuevas oportunidades de supervivencia, es así que la ciudad de El Alto llegó a cobijarlos en su planicie, y ellos llegaron trayendo consigo sus costumbres, sus tradiciones, su lengua , sus valores sociocomunitarios. Desde este punto de vista, quiero focalizar y profundizar el principio del valor sociocomunitario de la reciprocidad, que en su interior se halla presente el ayni, como una fortaleza arraigada en su yo interior originario, buscando de esta manera mantener vivo el valor de esta tradición en el área urbana de la ciudad de El Alto, esto con ciertas peculiaridades que se describirán en el desarrollo de este trabajo. A razón de todo lo mencionado es que realizo la temática del “El ayni en el imaginario de nuestra sociedad urbana de El Alto” esto como una forma de entender la idiosincrasia y desarrollo habitual del hombre andino originario y sus descendientes en esta joven urbe.
En la década de los ’80, una de las zonas periféricas de la ciudad de La Paz, al calor de las políticas neoliberales de aquel entonces, implosiona la aparición de una nueva urbe llamada ciudad de El Alto, con una topografía plana en oposición a La Paz, hasta convertirse hoy, en una urbe con mayor población y mayor extensión que su progenitora. Su población está conformada por una mayoría de indígenas aymaras, quienes trasladan sus costumbres, tradiciones y convivencia comunales entre otras a esta joven ciudad. En octubre del 2003, la ciudad de El Alto es el epicentro de una gigantesca revuelta social, convirtiéndose en el líder de los movimientos sociales antiglobalizadores y anticapitalistas. ¿Habrá sido el retorno del Pachacuti (retorno de las antiguas tradiciones originarias)? En cierta manera se puede afirmar que actualmente existe un rotundo cambio en el equilibrio de nuestra convivencia social, y que gracias a las nuevas políticas implementadas por este gobierno, se busca revalorizar todo los usos y costumbres de nuestros ancestros y sobre todo la puesta en práctica de los principios sociocomunitarios para vivir bien en armonía con la madre tierra y el cosmos; siendo esta la luz al final del túnel, un túnel que los grandes capitalistas externos e internos han edificado de manera soberbia y presumida, dejándonos hoy ciudades fragmentadas, territorios desequilibrados y un planeta al borde del colapso.
Dentro de lo que corresponde a los valores sociocomunitarios, el AYNI “es una forma institucionalizada de reciprocidad bilateral… En realidad, el término ayni se utiliza en su forma compuesta aynjasiña (“reproducirse el ayni”) o aynikipasiña (“volverse los ayni”), lo que subraya la importancia de la dimensión recíproca del ayni que siempre volverá al donador” (Temple, 2003; 107).
Esto significa que el ayni es un dar y recibir, para que ello ocurra, es necesario ser partícipe de las acciones colectivas de reciprocidad; además, hay que tomar en cuenta lo siguiente: “El ayni es más que un mecanismo de obtención de valores materiales. Mediante el dar y recibir dos familias crean un lazo afectivo que perdura y sobrepasa la satisfacción de las necesidades materiales inmediatas. Cuando una pareja asume un cargo en la comunidad, todas sus contrapartes de ayni (llamados también ayni) deben participar y apoyarla, caso contrario, la pareja sentirá su chuyma vacía (ch’usa chuyma) como si la chuyma no hubiera sido alimentada por el don, los aynis deben acompañarse en toda ocasión” (temple, 2003; 108).
Esa práctica de reciprocidad aún sigue vigente en las comunidades rurales, y que mantiene dicha tradición de generación en generación.
Por su parte, otro investigador del principio de reciprocidad donde el ayni está presente, señala: “el principio de correspondencia se expresa a nivel pragmático y ético como principio de reciprocidad: a cada acto corresponde como contribución complementaria un acto recíproco. Este principio no sólo rige en las interrelaciones humanas (entre personas o grupos), sino en cada tipo de interacción, sea ésta intra-humna, entre ser humano y naturaleza, o sea entre ser humano y o divino… El principio de reciprocidad, igual que los demás principios lógicos andinos, tiene su vigencia en todos los campos de la vida. Cabe destacar las múltiples formas de reciprocidad económica de trabajo e intercambio comercial, familiar de parentesco, compadrazgo y ayuda mutua, ecológica de restitución recíproca a la pachamama y los apus/achachilas” (Esterman, 2011; 145-147).
Estas teorías de la reciprocidad del ayni tiene su fortaleza aplicativa en las área rurales, pero ¿qué sucede con los migrantes del campo a la ciudad de El Alto?, ¿Tendrá la misma fuerza para poner en práctica ese procedimiento del ayni? ¿Y cómo se pone en práctica dicho valor?, antes de adentrarnos a ese análisis, es necesario comprender lo imaginario de nuestra ciudad de El Alto en relación con la gente que lo habita, reiterando que la mayoría de ellos son migrantes de las provincias, pueblos, comunidades y ayllus aymaras.
“La ciudad se levanta, y se despliega sin límites precisos, sin reglas conocidas, ante los ojos de quien la ve por primera vez. Están ahí sus edificaciones, sus calles, sus parques, sus veredas; todo, al parecer, abierto para el paso del migrante (que viene del campo) y, sin embargo, cerrado o, mejor, semiabierto, como un laberinto, inmensamente complejo, dispuesto a atrapar al ser que le es ajeno”. (Herrera, 2000; 5)
El discurso que nos plantea Lucía Herrera, se evidencia que el migrante del campo es acogido por la ciudad y que al mismo tiempo ingresa a un laberinto donde le será difícil salir, pues la ciudad en una continua actividad enajena al hombre humilde e inocente del campo.
El imaginario de nuestra sociedad urbana de El Alto, es visto de manera irreal y fantasiosa por el migrante del campo, pues antes de conocer y llegar a la ciudad, él recibe comentarios de algunos oriundos de su comunidad, quienes le dan ideas sobre cómo es la ciudad y las oportunidades de trabajo que existe. Con toda esa conglomeración de ideas, en indígena o campesino construye el imaginario de la sociedad urbana de El Alto, con proyecciones maravillosas, sin tomar en cuenta los efectos de metamorfosis que vayan a causar dicho contraste en los valores y principios que le fueron inculcados en su comunidad. Así también, sin prever la inseguridad que día tras día acaece en las diferentes zonas de nuestra urbe. Los siguientes discursos sustentan lo expresado:
El migrante
ha llegado y ahora tiene que aprender en carne propia que el medio urbano es
duro, incluso cruel, y que no da tregua ni descanso. La ciudad real es un
espacio de exclusión y de extrema pobreza para los migrantes indígenas; los oficios
que deben cumplir consisten, por lo general, en los peor pagados: son
cargadores, albañiles o vendedores ambulantes… (Herrera,
2000; 9)
El
imaginario está marcado por la imagen de lo semejante (…) en la relación entre
lo imaginario y lo real, y en la construcción del mundo que ella deriva, todo
depende de la posición del sujeto. Y la posición del sujeto… se caracteriza
esencialmente por el puesto que ocupa en el mundo simbólico, es decir el mundo
de la palabra. (Eco, 1990; 237-238)
Como hemos visto, la ciudad real, al ser parte de la imagen del migrante, se carga de subjetividad; pero en ese mismo movimiento, deviene parte del mundo simbólico y adquiere una multiplicidad de significaciones. Al pensar en la ciudad, el migrante no sólo la concibe a través de unos ojos cargados de sueños y recuerdos, sino que la piensa en función de su cultura.
La contracción de lo explicitado en los párrafos anteriores (valor sociocomunitario del ayni con lo imaginario de nuestra sociedad urbana de El Alto por los migrantes del área rural) desemboca a responder los cuestionamientos que nos planteamos anteriormente ¿Cómo se pone en práctica el ayni en el área urbana de El Alto? ¿Tendrá la misma fuerza originaria para poner en práctica ese procedimiento del ayni?. Bueno, es interesante responder a esas preguntas. En una entrevista que tuve con el señor Máximo Mamani de cincuenta y cuatro años de edad, quien radica en la ciudad de El Alto, y que proviene de la localidad de Escoma, responde a las dos preguntas con lo siguiente: “Nosotros practicamos muy pocas veces en ayni en la ciudad, haber, cuando vamos a una fiesta, en ahí entramos con regalos pequeños, grades o cajas de cerveza para que hagamos ayni, porque todos sabemos que tarde o temprano nos va a devolver ese ayni, después, entre mis hermanos también hacemos ayni somos tres varones y dos mujeres, una vez mi hermano mayor ha hecho su casa de piso en cosmos 79, nos ha pedido que le ayudemos en su techado, y todos mis hermanos y hermanas le ayudamos, los hombres hemos clavado calamina y colocado canaleta, nuestras mujeres han cocinado comida y nos alcanzaban refrescos , todos hemos trabajado, en otra ocasión, yo levanté mi casa, lo mismo han venido a ayudarme, o sea eso es ayni, ayudarnos entre nosotros; después no ya no se practica el ayni, la gente ya no ayuda si no le pagas, así nomas es joven, en el campo en nay hay esa práctica, aquí casi muy poco”. (entrevista en la calle a Don Máximo) .
Como se puede observar, Don Máximo Mamani, enfoca
la práctica del ayni desde su propia experiencia concretizada en ciertas
actividades como el hecho de ser partícipe de un acontecimiento festivo con la
finalidad de complacer y ser complacido
en la correspondencia recíproca del ayni; asimismo, la mutua colaboración entre
sus hermanos en la construcción o techado de casa, pone de manifiesto la
práctica del ayni, que se definiría en dos premisas: hoy por ti mañana por mi / uno para todos y todos para uno.
Ahora es necesario tomar en cuenta lo siguiente,
en el imaginario de nuestra sociedad urbana de El Alto, trasluce la
incoherencia de la correcta interpretación de lo que es el ayni, pues ellos y
ellas lo ven como una práctica de beneficio con enfoque materialista, comercial
y mercantilista; el ayni es el
desprendimiento de colaboración, cooperación, sin que necesariamente tenga su
acción devolutiva sino el de reafirmar el lazo de social y afectiva; no
confundamos el ayni con el trueque, ambos tienen distintas características de
aplicación, pero que al final confluyen en un resultado recíproco denominado
suma q’amaña / vivir bien en comunidad. Esta aclaración la sostengo con el
siguiente discurso:
“Una
señora, al constatar la ausencia de uno de sus aynis en la fiesta que
organizaba, expresó lo siguiente: Aunque así nomas, sin traer nada, debería
haber venido, yo qué puedo pedir, de ella depende traer o no traer, mi chuyma
está vacía, no me ha visitado, ¿o le he hecho algo?
Así, el dar
y recibir a través del ayni genera un lazo social que trasciende el valor
material del don. En sí, el son puede ser únicamente el símbolo de la
reafirmación del lazo social… el ayni no es un trueque de servicios o un
intercambio de productos, sino ante todo una relación afectiva que perdura
luego de la labor cumplida”. (Temple, 2003; 108-109)
“El
principio de reciprocidad no significa que sólo se restrinja al ámbito
económico y comercial. A veces se dice que la mentalidad del ser humano andino
fuera muy mercantilista o negociadora, hasta en los mismos asuntos religiosos”.
(Estermann, 2011; 146)
Con todo lo expuesto y fundamentado, es necesario
reafirmar que la práctica del ayni en el imaginario de nuestra sociedad urbana
de El Alto tiene su connotación significativa, para unos en su imaginario
citadino creen que el ayni es la correspondencia a un acto festivo, donde
tienen la obligación de asistir como un
acto de compromiso retribuible; para otros, ese acto festivo es de complacencia
sin recibir nada a cambio, y todavía hay un tercer grupo, que simplemente
asisten a divertirse sin que nadie les haya invitado. Así también, las otras
prácticas del ayni, como el hecho de colaborar en acciones conjuntas por un
bien común (construcción de casas, limpieza de caminos, limpieza de jardineras,
empedrados, remoción de tierra, reparación de aulas y bancos por parte de los
padres de familia, etc.) tienen el denominado trabajo comunitario que se
vincula con la reciprocidad bilateral del ayni, que en cierta manera vuelve la
retribución indirectamente a beneficio de ellos. Es importante señalar que el
ayni en el imaginario de nuestra sociedad ha sufrido una transgresión, una
alteridad, un hibridismo, como resultado de la fusión de culturas y su
interrelación, de ahí que el ayni trata de acomodarse a esa interculturalidad
que se encuentran en los diferentes imaginarios de la ciudad.
No está demás reiterar, que cuando hablo del
principio de reciprocidad, no significa que estoy hablando de otra temática,
más al contrario, dentro de este principio se halla el ayni como un valor sociocomunitario,
y que éste tiene su directriz en la reciprocidad y la reciprocidad en el
principio de la relacionalidad, nada esta suelto en la lógica andina.
Para concluir,
quiero remitirme a los estudios que realicé en la Universidad Mayor de
San Andrés, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, si hablamos de la
práctica del ayni como un valor sociocomunitario, es necesario concientizar a
nuestra gente sobre la importancia y la práctica no simplemente de este valor
sino de otros valores como el equilibrio, la complementariedad, la
correspondencia; que a consecuencia de no respetar a la madre tierra, hoy
tenemos el calentamiento global y a su vez cambio climático. El Derecho Indígena
Originario Campesino busca fortalecer desde todo punto de vista la práctica de
los valores sociocomunitarios y rescatar los usos y costumbres de nuestras
comunidades para vivir bien en armonía con la madre tierra y el cosmos. (suma
q’maña- sumaj kawsay).
BIBLIOGRAFÍA.
-Temple
Dominique (2003) Las estructuras elementales de la reciprocidad; Ed. Plural: La
Paz
-Estermann
Josef (2011).Filosofía Andina; Ed. Instituto superior Ecuménico Andino de
Teológia; La Paz.
-Herrera
Lucía (2000) Cómo el migrante habita la ciudad; Ed. Cuadernos de
literatura-Umsa;
La Paz.
-Eco
Umberto (1990) El modo simbólico; Ed. Lumen; Barcelona.


